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Cuando una persona acude a un profesional a fin de que le asesore si su enfermedad puede ser causa de una incapacidad para el trabajo, el profesional ha de conocer la enfermedad para poder explicar los motivos de su conclusión, exponerla ante terceros sin conocimientos técnicos precisos como puede ser un Juez y saber cuáles son los medios necesarios acreditarlo o, en su caso, obtenerlos de fuentes fiables y solventes. Nuestra experiencia desde 1.990 nos permite tener los recursos necesarios para ello.

El dolor crónico es la causa más común de discapacidad en Europa ya que incapacita para desarrollarlas tareas a las que se dedica el trabajador, o incluso impedir la realización de cualquier tipo de profesión.

El dolor crónico es el que persiste o se repite en un período superior 3 meses, dura más de 1 mes después de la resolución de una lesión o acompaña una lesión que no cicatriza.

Las causas incluyen trastornos crónicos (p. ej., cáncer, artritis, diabetes), lesiones (p. ej., hernia de disco, torsión del ligamento) y muchos trastornos de dolor primario (p. ej., dolor neuropático, fibromialgia, cefalea crónica).

A menudo, el dolor crónico produce astenia, trastornos del sueño, disminución o pérdida del apetito, pérdida del gusto para la comida, pérdida de peso, disminución de la libido, estreñimiento, etc.

Cuando es constante y no presenta remisiones puede conducir a la depresión y la ansiedad e interferir con casi todas las actividades de la vida diaria del individuo.

Los analgésicos opiáceos y no opiáceos son los fármacos principales utilizados para tratar el dolor grave.

Los opiáceos deben utilizarse cuando el beneficio de la reducción del dolor supera el riesgo de efectos adversos y de uso indebido de drogas.

Los pacientes que reciben tratamiento crónico con opiáceos deben evaluarse regularmente para determinar el control del dolor, los efectos adversos y los signos de abuso.

Existe dependencia física (desarrollo de síntomas de abstinencia cuando se suspende el fármaco) en todos los pacientes tratados con opiáceos durante más de algunos días.

Por lo tanto, los opiáceos se deben utilizar lo más brevemente posible, y en los pacientes dependientes, la dosis debe reducirse para controlar los síntomas de abstinencia cuando los opiáceos ya no son necesarios, aunque cuando se trata de dolor de difícil manejo, el tratamiento se puede mantener durante años hasta tanto no sea sustituido por otro que, necesariamente si no desaparece la causa del dolor, será un escalón más alto de analgesia según la escala OMS.

Un gran número de sentencias ganadas por nuestro despacho nos permiten afirmar que si el dolor crónico y de difícil tratamiento impide a la persona ejercer una actividad laboral con la continuidad, dedicación, eficacia y profesionalidad que exige el mercado laboral y tiene derecho a una pensión por incapacidad permanente.

La incapacidad para el trabajo ser:

Parcial con derecho a percibir una indemnización a tanto alzado si puede seguir desempeñando su puesto de trabajo pero con limitaciones

Total que genera derecho a un a pensión de un 55% de la base reguladora en el caso de que el trabajador no pueda realizar su trabajo habitual

Absoluta, con una pensión del 100 % de la base reguladora en el caso de no poder realizar ningún trabajo

Gran Invalidez con pensión del 150 % cuando se necesita una tercera persona para ayuda en las tareas básicas de su vida diaria

Para valorar la capacidad de un trabajador hay que considerar, por una parte el estado de salud de un trabajador, las capacidades que mantiene y por otra las capacidades que requiere el trabajo, y en virtud del equilibrio o desequilibrio de esta medida precisar si hay o no situación incapacitante.

La jurisprudencia ha señalado reiteradamente que para reconocer la incapacidad permanente es necesario hacer una valoración conjunta de las lesiones y secuelas que padece el trabajador, de forma que, aunque por separado no tengan entidad suficiente para determinar un grado de incapacidad, si se pueda llegar a esa conclusión si se ponderan y valoran en global.

Conocida, evaluada, graduada y medida esta pérdida de salud y puesta en relación con los requisitos de su trabajo o, en su caso, cualquier trabajo en general, estimaremos la capacidad o imposibilidad para realizarlo y por tanto, si tiene o no derecho a pensión.

Para comprobar si usted puede tener derecho a pensión por sufrir dolor, puede ponerse en contacto con nosotros y evaluamos su caso. Estaremos encantados de ayudarle